Mediante
la cartografía social, los mapas parlantes y las entrevistas a diversos actores
locales del Sígsig, se identificaron ciertas prácticas de «huaquería» y coleccionismo,
además de las acciones directas que, tiempo atrás, realizaron algunos
pobladores sobre los sitios arqueológicos, objetos y bienes considerados
patrimoniales. En este sentido, se reconoce una multiplicidad de conexiones de
estas prácticas con ámbitos de tenencia, educación y conformación de espacios
donde se exponen los hallazgos. Ámbitos donde se reproducen y generan las
creencias, las percepciones y las significaciones del pasado con sus
materialidades y representaciones. Así, la memoria y los recuerdos de los
huaqueros reme moran formas organizativas, hazañas, expediciones, alimentos, o
calamidades, entre otras, que hablan de una actividad constante de
exploraciones y destrucción de sitios. De esta manera, cuando se recorren las
áreas arqueológicas distribuidas por Sígsig, generalmente, se dibuja un
escenario donde predominan pozos debido a la «huaquería». En este contexto, hay
que señalar que no siempre la alteración, destrucción y posesión de objetos
arqueológicos es producto de «huaquería», sino de hallazgos fortuitos cuando se
realizan trabajos que implican la remoción de tierra, como son la apertura de
carreteras, la construcción de infraestructuras o los trabajos agrícolas, entre
otros. Así, de manera paulatina, se conforma un cuerpo de objetos en manos de
los pobladores que, en cierta medida, se constituyen en tenedores de bienes
arqueológicos. Como se mencionó anteriormente, detrás de la «huaquería» y el
coleccionismo se genera un mundo de significaciones que pretenden explicar,
desde un punto de vista particular, la esencia de la materialidad. Así, los
tenedores de objetos relacionan varios elementos de la naturaleza y la sociedad
en función de la arqueología. La naturaleza, por ejemplo, es descrita como un
contenedor de vestigios y, como tal, constituye un centro interpretativo en el
sentido de que los habitantes elaboran relatos o posibles explicaciones sobre
su funcionalidad en el pasado. Es así como para ellos un sitio arqueológico
puede ser o es una fortaleza, un mirador o un centro de adoración a las
deidades, modificando el discurso según la intención comunicativa: «los cañaris
generalmente, ellos buscaban los cerros para defenderse un poco, para vigilar
un poco, para hacer sus oraciones, sus adoratorios a los dioses que ellos
poseían» (Anónimo, entrevista personal, octubre de 2022). El paisaje se
construye y se interpreta. Así, en las montañas del cantón es común ver varias
cruces que dominan las alturas. Montaña que tenga una cruz es porque,
necesariamente, fue habitada en la antigüedad a decir de los habitantes; por
ello se encontrará abundante cerámica cuando se «raspa el suelo» (Anónimo,
entrevista personal, enero de 2023). De igual manera, estas montañas, por su
compleja accesibilidad en ciertos puntos, es el lugar propicio para buscar
enterramientos, pues los pobladores consideran que los antiguos enterraban a
sus muertos en estos sitios: «... en la Loma del Zhimazhuma tenemos tumbas por
todo lado. Yo mismo he cavado unas tres o cuatro tumbas ahí, pero no con el fin
de sacar algún tesoro, sino para ver lo que hay. Y claro, me he encontrado con
una cantidad impresionante de huesos» (Anónimo, entrevista personal, mayo de
2022). La memoria de los habitantes sobre el pasado narra un vínculo entre las
visiones, los imaginarios y los discursos, reproducidos oral y
generacionalmente. Aquí sobresalen las llamadas quemas (luces que se encienden
por las noches), vinculadas al oro y a los enterramientos. A partir de la
visualización de una quema, las personas recurren a los sitios donde observaron
este acontecimiento con la intención de excavar y encontrar objetos: «... he
cavado unas tres o cuatro tumbas, a una profundidad de 4 metros. La tumba es
circular como si se hubiera hecho con el compás» (Anónimo, entrevista personal,
diciembre de 2022). De los hallazgos fortuitos o intencionales, destacan los
enterramientos y osamentas como se ha venido insistiendo. De esto surge la
necesidad de conservación de los restos, pues estos se convierten en bienes
sustanciales para las personas o familias que llegan a poseer los (Anónimo,
entrevista personal, febrero de 2023). Tal dimensionamiento llega a instancias
donde los res tos adquieren nombre propio y se conmemoran misas, entre otras
acciones efectuadas para bendecir las osa mentas (figura 4). Cuando los restos
humanos encontrados no tienen este proceso de limpieza, incorporación y
purificación (cristianización), se convierten en agentes de enfermedad, malas
energías o incluso de muerte. De ahí la necesidad de la misa: «les voy a decir
una cosa, mi cuñado le tomó unas fotos y no le dejó dormir» (Anónimo,
entrevista personal, mayo de 2023). Es necesario indicar que, en ocasiones,
cuando se da la remoción de tierra con diferentes propósitos constructivos, los
operadores de maquinarias, o incluso las personas cercanas al lugar, activan un
sistema de imaginarios cuando aparecen objetos arqueológicos y, por ende, se
abstienen de seguir cavando, pues hay una especie de recelo y creencia de mala
suerte: «La huaca más grande está en mi terreno [...], el tractorista dijo
“¡No! Yo me voy... Aquí hay algo malo”. Clavó la cuchilla y sacó una piedra de
moler, a dos metros de profundidad» (Anónimo, entrevista personal, febrero de
2023). Por otro lado, en varias localidades de Sígsig, entre huaqueros y
coleccionistas persiste la idea de conformar espacios propicios para exponer
los objetos. Los coleccionistas se vuelven «historiadores» y cronistas de las
localidades, son expertos en contar historias y gene rar discursos. En este
sentido, se forma un propósito educativo y económico (figura 5): «... estamos
pensando en un proyecto de turismo, buscando formar un tipo de museo en la casa
comunal. Ya tenemos para que la gente venga y vea las tradiciones y la cultura
que antes se vivía, que ya se está perdiendo» (Anónimo, entrevista personal,
marzo de 2023). Finalmente, entre la «huaquería» y el coleccionismo de objetos
media la presencia de actores políticos y actores sociales que, en cierta
manera, mantienen un compromiso con las localidades de origen, fomentando un
sentido de pertenencia con los objetos culturales. Por ello, la idea de lo
comunitario, lo local, lo identitario predomina en las narrativas de los
pobladores y, además, se reproduce en los ámbitos educativos, pues muchos de
estos agentes han escrito libros, folletos o revistas sobre los objetos que
tienen y la recreación histórica que estos hacen, apoyados en bibliografía especializada.
Texto
Integro
Miguel
Ángel Novillo Verdugo, Estefanía Priscila Palacios Tamayo ARQUEOLOGÍA
Y «HUAQUERÍA»: ÁMBITOS LEGALES Y PRÁCTICAS COTIDIANAS EN SÍGSIG, ECUADOR
Archaeology and Looting: Legal Spheres and Daily Practices at Sigsig, Ecuador
ARQUEOLOGÍA
IBEROAMERICANA 52 (2023): 153-162. ISSN 1989-4104. https://laiesken.net/arqueologia/.