2/24/2026

PRÁCTICAS DE «HUAQUERÍA» Y COLECCIONISMO

 Mediante la cartografía social, los mapas parlantes y las entrevistas a diversos actores locales del Sígsig, se identificaron ciertas prácticas de «huaquería» y coleccionismo, además de las acciones directas que, tiempo atrás, realizaron algunos pobladores sobre los sitios arqueológicos, objetos y bienes considerados patrimoniales. En este sentido, se reconoce una multiplicidad de conexiones de estas prácticas con ámbitos de tenencia, educación y conformación de espacios donde se exponen los hallazgos. Ámbitos donde se reproducen y generan las creencias, las percepciones y las significaciones del pasado con sus materialidades y representaciones. Así, la memoria y los recuerdos de los huaqueros reme moran formas organizativas, hazañas, expediciones, alimentos, o calamidades, entre otras, que hablan de una actividad constante de exploraciones y destrucción de sitios. De esta manera, cuando se recorren las áreas arqueológicas distribuidas por Sígsig, generalmente, se dibuja un escenario donde predominan pozos debido a la «huaquería». En este contexto, hay que señalar que no siempre la alteración, destrucción y posesión de objetos arqueológicos es producto de «huaquería», sino de hallazgos fortuitos cuando se realizan trabajos que implican la remoción de tierra, como son la apertura de carreteras, la construcción de infraestructuras o los trabajos agrícolas, entre otros. Así, de manera paulatina, se conforma un cuerpo de objetos en manos de los pobladores que, en cierta medida, se constituyen en tenedores de bienes arqueológicos. Como se mencionó anteriormente, detrás de la «huaquería» y el coleccionismo se genera un mundo de significaciones que pretenden explicar, desde un punto de vista particular, la esencia de la materialidad. Así, los tenedores de objetos relacionan varios elementos de la naturaleza y la sociedad en función de la arqueología. La naturaleza, por ejemplo, es descrita como un contenedor de vestigios y, como tal, constituye un centro interpretativo en el sentido de que los habitantes elaboran relatos o posibles explicaciones sobre su funcionalidad en el pasado. Es así como para ellos un sitio arqueológico puede ser o es una fortaleza, un mirador o un centro de adoración a las deidades, modificando el discurso según la intención comunicativa: «los cañaris generalmente, ellos buscaban los cerros para defenderse un poco, para vigilar un poco, para hacer sus oraciones, sus adoratorios a los dioses que ellos poseían» (Anónimo, entrevista personal, octubre de 2022). El paisaje se construye y se interpreta. Así, en las montañas del cantón es común ver varias cruces que dominan las alturas. Montaña que tenga una cruz es porque, necesariamente, fue habitada en la antigüedad a decir de los habitantes; por ello se encontrará abundante cerámica cuando se «raspa el suelo» (Anónimo, entrevista personal, enero de 2023). De igual manera, estas montañas, por su compleja accesibilidad en ciertos puntos, es el lugar propicio para buscar enterramientos, pues los pobladores consideran que los antiguos enterraban a sus muertos en estos sitios: «... en la Loma del Zhimazhuma tenemos tumbas por todo lado. Yo mismo he cavado unas tres o cuatro tumbas ahí, pero no con el fin de sacar algún tesoro, sino para ver lo que hay. Y claro, me he encontrado con una cantidad impresionante de huesos» (Anónimo, entrevista personal, mayo de 2022). La memoria de los habitantes sobre el pasado narra un vínculo entre las visiones, los imaginarios y los discursos, reproducidos oral y generacionalmente. Aquí sobresalen las llamadas quemas (luces que se encienden por las noches), vinculadas al oro y a los enterramientos. A partir de la visualización de una quema, las personas recurren a los sitios donde observaron este acontecimiento con la intención de excavar y encontrar objetos: «... he cavado unas tres o cuatro tumbas, a una profundidad de 4 metros. La tumba es circular como si se hubiera hecho con el compás» (Anónimo, entrevista personal, diciembre de 2022). De los hallazgos fortuitos o intencionales, destacan los enterramientos y osamentas como se ha venido insistiendo. De esto surge la necesidad de conservación de los restos, pues estos se convierten en bienes sustanciales para las personas o familias que llegan a poseer los (Anónimo, entrevista personal, febrero de 2023). Tal dimensionamiento llega a instancias donde los res tos adquieren nombre propio y se conmemoran misas, entre otras acciones efectuadas para bendecir las osa mentas (figura 4). Cuando los restos humanos encontrados no tienen este proceso de limpieza, incorporación y purificación (cristianización), se convierten en agentes de enfermedad, malas energías o incluso de muerte. De ahí la necesidad de la misa: «les voy a decir una cosa, mi cuñado le tomó unas fotos y no le dejó dormir» (Anónimo, entrevista personal, mayo de 2023). Es necesario indicar que, en ocasiones, cuando se da la remoción de tierra con diferentes propósitos constructivos, los operadores de maquinarias, o incluso las personas cercanas al lugar, activan un sistema de imaginarios cuando aparecen objetos arqueológicos y, por ende, se abstienen de seguir cavando, pues hay una especie de recelo y creencia de mala suerte: «La huaca más grande está en mi terreno [...], el tractorista dijo “¡No! Yo me voy... Aquí hay algo malo”. Clavó la cuchilla y sacó una piedra de moler, a dos metros de profundidad» (Anónimo, entrevista personal, febrero de 2023). Por otro lado, en varias localidades de Sígsig, entre huaqueros y coleccionistas persiste la idea de conformar espacios propicios para exponer los objetos. Los coleccionistas se vuelven «historiadores» y cronistas de las localidades, son expertos en contar historias y gene rar discursos. En este sentido, se forma un propósito educativo y económico (figura 5): «... estamos pensando en un proyecto de turismo, buscando formar un tipo de museo en la casa comunal. Ya tenemos para que la gente venga y vea las tradiciones y la cultura que antes se vivía, que ya se está perdiendo» (Anónimo, entrevista personal, marzo de 2023). Finalmente, entre la «huaquería» y el coleccionismo de objetos media la presencia de actores políticos y actores sociales que, en cierta manera, mantienen un compromiso con las localidades de origen, fomentando un sentido de pertenencia con los objetos culturales. Por ello, la idea de lo comunitario, lo local, lo identitario predomina en las narrativas de los pobladores y, además, se reproduce en los ámbitos educativos, pues muchos de estos agentes han escrito libros, folletos o revistas sobre los objetos que tienen y la recreación histórica que estos hacen, apoyados en bibliografía especializada.

 

Texto Integro

Miguel Ángel Novillo Verdugo, Estefanía Priscila Palacios Tamayo ARQUEOLOGÍA Y «HUAQUERÍA»: ÁMBITOS LEGALES Y PRÁCTICAS COTIDIANAS EN SÍGSIG, ECUADOR 

Archaeology and Looting: Legal Spheres and Daily Practices at Sigsig, Ecuador

ARQUEOLOGÍA IBEROAMERICANA 52 (2023): 153-162. ISSN 1989-4104. https://laiesken.net/arqueologia/.

No hay comentarios:

Publicar un comentario