10/13/2014

UNA PRUEBA MÁS PARA DECIR QUE EL CHUNUCARI ES DE PROCEDENCIA KAÑARI


El Sol de Oro o Chunucari, como lo conocemos en nuestro medio, es una lámina de oro de 21 quilates y pesa 284,4 gramos; martillada y repujada con distintivos céfalo-antropomorfos de 60x40 centímetros de tamaño, orlado de 46 rayos ofídicos en todo su esplendor, que terminan en una serpiente que sostiene una cabeza de trofeo en la boca. En la actualidad esta pieza reposa en el Museo Nacional.   
A pesar de su importancia, tiene una historia bastante controvertida que ha generado diversas especulaciones respecto a su filiación cultural y a su verdadero lugar de hallazgo.  
Durante estas últimas décadas se han generado varios ensayos que tratan de resumir el debate, unos con más tendencia de reclamo que otros. Al respecto, existen dos puntos de vista: La primera; los que sostienen que pertenece a la cultura Tolita, y la segunda; los que defienden la procedencia kañari. En esta última, Guillermo Segarra Iñiguez durante años disputó la filiación Tolita asignada, y reclamó a la cultura kañari el mérito de la pieza. Posteriormente Ernesto Salazar, hizo eco del reclamo al tratar  en su libro “Entre Mitos y Fábulas”. A inicios de 1990; la investigadora Karen Olsen Bruhns con mayor argumentación documental y sobre todo a base de un análisis estilístico, en su estudio titulado “Huaquería, Procedencia y Fantasía: Los soles de oro del Ecuador” vinculó al Chunucari con la iconografía de los Andes Centrales -de Chavín a Wari-, y adoptó la bandera de lucha kañari y reivindicó el origen del Sol de Oro como azuayo. En el 2012, se realizó un pequeño estudio titulado “Chunucari; Origen, Historia e Identidad Sigseña” en el que básicamente se trató de dilucidar la polémica generada y argumentar con datos históricos e iconográficos la tesis de que el Chunucari es de procedencia kañari.     

Existen muchas evidencias para decir que el Sol de Oro es de procedencia kañari (sector Chunucari), una de ellas es la gran influencia ideológica y estilística de las culturas del Perú, que estuvieron presentes en el austro ecuatoriano hace más de 1500 años, la misma, que se ve reforzada por la serie de hallazgos que se realizaron de tumbas precolombinas en la zona, pues los registros históricos de encuentros cuantiosos de orfebrería prehispánica dan primacía al área comprendida entre Chordeleg y Sígsig. Por ejemplo y como dato que complementa nuestra hipótesis, es la orejera encontrada en una tumba de Sígsig, la misma que fue trabajada en Oro laminado, recortado, soldado y ensamblado con incrustaciones de cuentas de concha spondylus. es un testigo más del contacto de la Sierra ecuatoriana con las regiones peruanas, pues tiene una similitud con la orejera encontrada en 2012 en una tumba intacta que albergaba los entierros de cuatro reinas o princesas huaris. Recordemos que los huaris emergieron del anonimato en el valle de Ayacucho y alcanzaron su esplendor alrededor del siglo VII d.C.


Orejera de Sígsig
 
Orejera huari
                 Nótese la similitud de la orejera de Sígsig, con el objeto de la cultura Huari.

Los diseños de la metalurgia de los dos pueblos aparece la figura del “ángel”; al respecto, Karen Bruhns manifiesta que las figuras de ángeles con cabezas humanas, de pájaros o mamíferos, por lo común representados de perfil o corriendo, son distintivos de la iconografía de la cultura Huari. 
A raíz de estas evidencias se puede decir que los kañaris, desde hace muchos años, mantuvieron un activo intercambio cultural con las culturas del norte del Perú; por tanto el arte kañari tuvo gran influencia ideológica y estética de las culturas del norte del Perú y por ende el Chunucari, importante símbolo Nacional tiene su origen en el cantón Sígsig.   

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