4/30/2014
4/21/2014
EN BUSCA DEL LINAJE DUMA
Este artículo que ponemos a consideración es elaborado en honor a los 150
años de cantonización de Sígsig. Aunque seria ideal dar a conocer los
acontecimientos históricos de nuestra emancipacion, sin embargo no queremos
introducirnos en el tema ya que existe un debate en cuanto a dicha fecha.
La intensión de este articulo es refrescar las mentes y mas bien
introducirnos en en algo fresco como el linaje Duma, pues para muchos no fue
oriundo de Sigsig, sin embargo documentos históricos nos dicen lo contrario.
Las
primeras referencias que disponemos del apellido Duma es la que narra
Montesinos; sobre la invasión de los cuzqueños al territorio kañari; según esta
crónica, por los años 1460-1470 dC. (aprox.), los kañaris fueron “conquistados”
por los Inkas; en cuanto al fondo de los sucesos he aquí sus palabras:
“Estando el Inga en esto ocupado, tuvo
aviso de sus espías como, los cañares, que ahora son de la ciudad de Cuenca, se
apercibían para resistirle y que habían elegido por caudillo a un señor llamado
Duma y este había convocado a los señores de Macas, Quizna y Pumallacta.
Aprestóse el Inga a ir contra ellos antes que creciese la prevención; no bastó
la diligencia, porque los enemigos le tenían tomado los pazos forzosos y
algunos de peligro; resistieron al Inga muchos meses y tuvieron muchos
encuentros y en uno le obligaron a retirarse a los paltas con pérdidas de
muchos soldados y de la mayor parte de su carruaje (…) enviaron a los paltas
mensajeros, que pues tenían buena ocasión, se vengasen del Inga, pues estaba
falto de gente, que lo matasen o lo echasen de sus provincias. Los paltas
oyeron confusos este mensaje, consultaron con los hechiceros qué harán;
respondieron que el Inga es bien afortunado y nada había que prevaleciese
contra él; toman este consejo, y avísanle al Inga lo que lo cañares trazaban. Agradécelo
y háceles mercedes. Viendo los cañares cuan despacio tomaba el Inga su
resistencia, le enviaron mensajeros y se le sujetaron, con cargo de que se les
perdonase los yerros pasados. Hubo consulta sobre esto, por decir que eran
hombres doblados y de poca firmeza los cañares; determinóse que el gobernador
que fuese acariciase a los señores y les pidiese en rehenes a sus hijos;
recibiéronle con todo regocijo, vino Duma y los demás a postrarse ante el Inga,
reconociéndole por hijo del sol; prometióle fidelidad, y en prenda le dio un
hijo y una hija, y los demás señores dieron a sus hijos” (Fernando de Montesinos, citado por Juan Cordero, 2007:44-45, tomo II).
Para Fernando de Montesinos fue el mismo Dumma quien organizó la
resistencia apoyado por las gentes de Macas, Quizna y Pomallacta, que
rechazaron a los cuzqueños al territorio Palta antes de someterse.
Más o
menos un siglo después de esta “heroica” batalla, en la fundación de Cuenca
(1557) aparece como kuraka de Sígsig Don Juan Dumma el mismo que dio el
asentimiento junto a otros kurakas, para que Gil Ramírez Dávalos fundara la
ciudad de Cuenca, para Octavio Cordero Palacios se trataría del hijo del gran
kuraka Dumma quien hizo retroceder al Inka Túpak Yupanqui.
A partir
de estos sucesos a inicios de la colonia los españoles
reconocieron y exaltaron a varios caciques kañaris como por ejemplo Pisar Cápac
(de Puesar), Cañar Cápac, Chica Cápac, Juan
Duma y Lorenzo Duma del Sígsig, Hernando Leopulla y don Diego de Tutusí.
Los kurakas después de demostrar su ascendencia y
reconocimiento como cacique, éste podía acceder a similares privilegios del
poder colonial: usufructuar a su propia comunidad y hasta percibir ciertos
tributos. De allí, como señala Moreno Yánez, algunos caciques se convirtieron
en terratenientes, con derecho a utilizar "mitayos" en la labranza de
sus campos, realizaban transacciones mercantiles con los españoles y se
aprovechaban de parte de las ganancias producidas por los obrajes de comunidad.
(Moreno Yánez, 1995), por ende
estaban autorizados a lavar oro con su gente, tanto que en la ordenanza sobre
tasación y moderación para el trabajo de minas en Santa Bárbara se lee: “ytem
los indios de Fernando e Duma puedan echar a las minas ciento e veynte indios e no más”; además acumulaban tierras y
dinero.
En un documentos de 1723 se reporta la gestión de
legitimación que
hizo Don Lorenzo Duma para conocimiento de la audiencia al momento
de ser nominado cacique y gobernador de Sígsig. Dicho
trámite exigía que el heredero del cargo demuestre su derecho a acceder al
mismo, por lo cual Don Lorenzo hace referencia a su padre, don Pedro, a su
abuelo, don Mateo, así como a un don Lucas, probablemente su bisabuelo, y por
tanto era
descendiente de los Dumas, caciques y gobernadores de Sígsig “desde tiempos del
inga” en la gentilidad, desde la fundación de este pueblo. “Don Lorenzo Duma, cacique de la parcialidad Cuycay, Cuello, Collana y
Sangorima el pueblo de Sígsig (ANH,
serie cacicazgos, caja1, expediente 2, 1723). Don Pedro Duma, cacique
principal de este dicho pueblo de las parcialidades de Duma, Collana, Culles y
Sangurimas (ídem). Don Lucas y don Matheo Duma difuntos fueron caciques
(ídem)”. “Según la referencia, estos últimos fueron caciques “desde los tiempos
del Inga” (ANH, serie cacicazgos, caja
expedientes 8, 1718-1781). Se especifica además que don Lorenzo era
originario de Sígsig.
En un conjunto de expedientes, que va desde el año
1718 a 1781, volvemos a encontrar datos sobre la familia Duma de Sígsig, en
referencia a don Jacinto Sinaballí Duma, quien se certifica recibió todos los
sacramentos, y es descendiente de los Duma, caciques desde la “gentilidad”. Le
remplaza en el cargo don Eusebio, su hijo, en 1775, heredado así las
“parcialidades que le corresponden en el pueblo de Sígsig” con el título de
“Cacique de las parcialidades de Cuycay, Cuilao, Sangorima y Collana reducidos
en el pueblo de Sigsig anejo de Gualaceo en la jurisdicción de Cuenca” (ibid). (Citado por Lara, 2009).
Con este pequeño bosquejo sobre la familia Duma nos lleva a pensar que el kuraka
Dumma, fue oriundo de Sígsig y no de
Tomebamba, como erróneamente ha escrito con evidente anacronismo algunos
investigadores.
3/21/2014
LOS INDIGENAS Y LOS ABUSOS COMETIDOS EN LA COLONIA
Este
artículo es un extracto de un trabajo investigativo que se está realizando en
el Sígsig desde la época colonial hasta nuestro tiempos; por tanto en esta
sección se sintetiza de manera breve el proceso sufrido de los indígenas tras
la llegada de los conquistadores españoles y el posterior proceso de
colonización, pues los efectos económicos, sociales, políticos y culturales que
se generaron fueron extraordinariamente complejos.
En las
distintas fuentes documentales existen ejemplos de represión violenta y una
serie de irregularidades que se cometieron por parte de los “blancos” curas y
caciques, en contra de los indígenas al tratar de hurtarles las tierras y sobre
todo en la explotación del trabajo específicamente en la mita minera. Por
ejemplo a inicios de la colonia la zona de Santa Bárbara (lo que hoy es Sígsig)
formó parte del territorio de la encomienda de Tomebamba de don Diego Sandoval
quien había venido con Alvarado (1538-1540). Posteriormente estos territorios
pasaron a ser parte de la encomienda de Rodrigo Núñez de Bonilla (1540-1570).
Para esta época por medio de la mita minera se extrajo una gran cantidad de oro
pese a todas las dificultades implícitas. Pedro de Valverde y Juan Rodríguez,
oficiales de Real Hacienda de Quito, aseguraron, el 30 de diciembre de 1576,
que en estos lavaderos trabajaron antes de que se fundara la ciudad de Cuenca,
de dieciocho a veinte cuadrillas, cada una de las cuales tenia de cincuenta a
ochenta indios que llevaban su comida, desde su propio pueblo, situado a
treinta, cuarenta y más leguas.
“…la
comida entraba cargada por indios e indias y eran cargas pesadísimas de maíz.
Se las llevan 30 y 50 leguas a cuestas. Esto ha causado la muerte de muchos
indios. La dificultad de meter la comida hacía que esta fuera escasa y se les
deba de comer poco o nada a los indios. Siendo la tierra enferma, el trabajo
diurno y nocturno y la mala comida, las cosas mal hechas e estrechas, el poco
dormir en el suelo, causó grandes muertes en el río de Santa Bárbara.” (Archivo General de Indias, (A.G.I) Sección
5ª Francisco de Aucinbay, 1587).
El trabajo desempeñado en el río Santa Bárbara
para la extracción de oro fue arduo, se anota que para 1548, cada cuadrilla
sacaba de 2000 a 3000 pesos diarios. Tanta fue la cantidad de indígenas que
laboraba en el asiento minero de Santa Bárbara que le ameritó, el Obispo de
Quito, al clérigo que atendía en la iglesia Mayor de Cuenca, para que fuera a
decir misa a los mineros que trabajaban allí” (Chacón, 2001).
Los lavaderos de oro de Santa Bárbara por su
cruel situación se convirtieron en una súplica para los indígenas mineros,
obligándoles a permanecer en el agua, durante meses enteros, malamente
retribuidos y peor alimentados. A raíz de esta situación en 1552 el Virrey Don
Antonio de Mendoza mandó despoblar estas minas, orden que tal vez por su
temprana muerte aquel mismo año, no se cumplió, o no se aplicó y se mantuvo con
rigor; pues el sucesor Don Andrés Hurtado de Mendoza en el primer año de su
virreinato y antes de que Gil Ramírez Dávalos funde (1557) en aquella misma
región la ciudad de Cuenca, hizo abandonar una vez más las minas de Santa
Bárbara.
A parte
de esta inhumana actitud los curas y caciques –kurakas– se convirtieron en
cómplices de los abusos de autoridades. Se sabe que los caciques fueron
personajes importantes, en torno al cual se mantenía la organización indígena;
es así que cumplían la función de intermediarios entre el estado colonial
español y sus respectivas comunidades, razón por la cual estuvieron exentos de
pago de tributos y de ser asignados a los trabajos de mita, por ejemplo los caciques
que ganaban una remuneración anual de unos 400 pesos, no pagaban tributos ni
estaban entre los elegibles para ser mitayos. De allí, que desde temprano, los
caciques fueron aliados indiscutibles del poder peninsular -muchas veces- en
contra de los propios intereses de su comunidad. Estudios especializados sobre
los caciques –kurakas–, los describen como personajes temidos, respetados y con
doble autoridad política y religiosa y cuya legitimidad se basaba en el linaje
de sangre del fundador de la comunidad.
En
consecuencia, la posesión de dichos privilegios sobrellevó a una clara
inclinación por mantener su poder y control para obtener los beneficios que le
correspondía. Los Caciques en consecuencia del constante descenso de la mano de
obra, así como el incremento o de la falta de revisiones anuales de las tasaciones
de las encomiendas, se vieron obligados a demandar tributos y otros servicios.
En un documentos se menciona que: “…Don Lorenzo Nugra cacique cobrador
de los indios de Sigse de la parcialidad de Burin: pide que se obligue a Don
Esteban Puglla a trabajar por 6 meses de oiarico, por no haber, y se niega (por
que dice) que ha sido alcalde de esta ciudad y debe descansar…” (ANH/C 116-559). En otro
manuscrito se comisiona a Gabriel Salinas residente
en el Sígsig, para que basado de la facultad que se le confiere haga que los
Caciques, Gobernadores y Alcaldes Maiores del Pueblo de Sígsig, puntualice los
servicios de Indios Viaricos, e semaneros, para que presisa y puntualmente
concurran a esta Ciudad, para que se actúen las obras… Se les da esta Comisión
con autoridad del señor Teniente General, quien a los españoles les pone pena
de cinquenta pesos y a los indios cincuenta azotes y pelo fuera…” (En Segarra, 2003:232).
De este
modo, se generó un cierto malestar frente a esta figura que se erigía como
nuevo opresor, es así que no todos los indígenas aceptaron la nueva soberanía
hispana sustitutiva de la incaica, razón por la cual a muchos de los indígenas
se les acusaba frecuentemente de ser ociosos e inconstantes y pronto también de
consumir alcohol en exceso y de ser ladrones. De algunos mitayos de servicio se
decía que trabajaban mal y poco y hasta se pidió que se les rebaje sus
remuneraciones.
El siglo
XVII fue testigo de numerosas quejas propiciadas por los indígenas, en las que se
reclamaba a las autoridades españolas, el cumplimiento efectivo de las
preeminencias que por su status les correspondían, frente a eventuales
atropellos que sufrían por parte de los caciques. En un documento de 1680, se
lee que los indios Francisco, Francisca y Juan Duta sostuvieron pleito contra
Sebastián Nugra, todos de la parcialidad de Burin, encomienda del Capitán
Antonio de Lugones y Mercado, y sujetos al cacique de Sígsig D. Joseph Puglla,
sobre la posesión de los sitios de Sumbray y Sabalul. El capitán D. Juan Blanco
de Alvarado, Alcalde ordinario de Cuenca y Juez comisionado por el General
Miguel de Noroña, Corregidor y Justicia Mayor de dicha ciudad, dictó la
siguiente sentencia:
“Fallo que los dhos. Francisco duta, Francisca duta, Joan duta y demás
sus hermanos, y en nombre de los suso dichos duta y demás sus hermanos en la
posesión que tienen de las dichas tierras o sitios de Sumbray y Sabalul, desde
el camino que va para el pueblo de gualaseo para la parte de auajo hasta el río
de Santa Baruara, reservando las tierras que pertenecen a Luis Saquinaula…
quedando como quedan todas las demás tierras que caen desde dicho camino que va
para el dicho pueblo de Gualaseo para arriba para el dho. Sebastián Nugra y
demás indios caciques de la dha. Parcialidad de Burin” (En: Segarra, 2005: 25-26).
Siete
años después el mismo cacique de Sígsig D. Joseph Puglla en agosto de 1687 puso
en venta un solar con una casa que la Comunidad de Indios tenía en la plazoleta
de Usno, junto a Pumapungo que servía de albergue para los Indios de Sígsig que
iban a prestar el servicio de uyaricos. Sin embargo a pesar de todos los
reclamos el expresado cacique se convirtió en heredero y dueño del solar. El
abuso cometido provocó las reclamaciones pertinentes por parte de Da. Francisca
Yubra el 11 de octubre de 1692, india del Pueblo de Sígsig:
“…en dicho mi pueblo viven y asisten cuatro indios nombrados D. Joseph
Puglla, Lorenzo Nugra, D. Diego Sánchez, caciques nombrados a falta de
propietarios, y Bartolomé Nugra, indio del quinto, los quales de absoluto poder
y de sus authoridades vendieron doce quadras de terreno tocantes y
pertenecientes a la comunidad…a Esteban Brito mestizo, sólo para aplaudir a
Manuel de Ortega, Escribano del Cabildo de la ciudad de Cuenca, que es quien
acaudilla al dicho Esteban Brito…para celebrar la escriptura hicieron un
convite de brindis y embriagados otorgaron dicha escritura…los dichos caciques
nombrados hacen lo que quieren como absolutos dueños, pues aun dentro del
Pueblo han vendido muchas tierras constituyéndose dueños, y los indios a
quienes tocan y pertenecen si quieren hacer su casa, se les demuele el dicho D.
Joseph Puglla y adjudica las tierras a mestizos que asisten en dicho Pueblo…” (En: Segarra, 2005: 25-26).
En 1705,
las epidemias y el hambre azotaron a los pueblos de la comarca azuaya, lo cual
impelió a los indígenas a huir, de suerte que los pueblos sufrieron
disminuciones y decadencias. Con tal motivo, en todo el virreinato se practicó
una retasa, menos en Cuenca, donde al contrario, se recargó a los
sobrevivientes de trabajos y tributos, según la reclamación que realiza el
cacique del Sígsig D. Diego Sánchez Fuera, quien expone el hostigamiento que
reciben sus indios por parte del Corregidor, del Fiel Ejecutor, del Cabildo y
su procurador. Al traslado de esta queja, en nombre del Procurador del Cabildo
de Cuenca contesta D. Antonio Tafur de Valenzuela y Córdova, manifestando que
el cacique quejoso tiene empeñado un indio en cien pesos, y al argumento de que
en el Sígsig no había indio que atendiera las mitas por haberse ausentado,
replica:
“…la causa de ausentarse los dichos indios es por las continuas
molestias y vejaciones que le hacen los mismos caciques y gobernadores
pidiéndoles continuos camaricos, pongos, haziéndolos trabajar sin paga en sus
chácaras y sementeras, obligándoles a que les lleuen leña, paja, aues y no lo
haciendo castigándoles con rigor, amenazándolos con la Doctrina, con la Mitta y
otras opresiones…” (En Segarra, 2005:28)
A más de las quejas
formuladas hacía de los kurakas, los indígenas expusieron graves denuncias contra
las diversas autoridades religiosas. En efecto, en un documentos de
1772, se lee que el protector de naturales del común de indígenas de San
Bartolomé denuncia al cura Vicente Ramírez por los excesos cometidos:
“…que traen graves inconvenientes a los indios por su
miseria y por que se encuentran gravemente tiranizados estos miserables indios…
Los obliga a trabajar en sus tierras y en la de sus parientes sin permitirle
trabajar sus propias tierras, para cobrarle el tributo a los que no tienen, les
quitan sus capisayos y mantas, lligllas y paños, en la iglesia, a las indias
solteras y casadas durante la semana les obliga a hilar algodón y hacer chicha
para luego venderla: al igual que la limpieza de su vivienda y la iglesia,
además de otras actividades para las cuales les retiene el domingo, sin pagar
los salarios que ofrece, por cuenta del medio real de cera de monumento” (ACA/C 552).
Para
1790, los alcaldes de Sígsig, pedían al Gobernador de Cuenca la confirmación de
sus privilegios, pues se hallaban bajo la amenaza del cura que los quería utilizar
en actividades mecánicas.
Son
innumerables los escritos en donde se denuncia la explotación del indígena en
varios tipos de trabajo como el artesanal, agrícola, ganadero, servidumbre
familiar y el minero, que sin ser mano de obra especializada fueron convertidos
en mitayos, sin respetar la edad y el sexo; todo valía para la extracción del
oro o de la riqueza para otros.
El
tiempo, el lugar y las condiciones de trabajo fueron impuestos y en muchas de
las ocasiones no se les pagaba, por eso no es exagerado decir, que algunos
muros de los templos de España, el sostenimiento de sus guerras, el desarrollo
de su economía y el fervor católico, se financiaron gracias al sudor y a la
sangre de los indígenas.
2/05/2014
LOS CERROS Y LAGUNAS EN LA COSMOVISIÓN ANDINA
La mayor parte de
información disponible sobre la religiosidad andina proviene de las crónicas y
fuentes etnohistóricas, pues en la actualidad no existen evidencias materiales,
quizá por la destrucción de templos y objetos rituales, a raíz de la conquista
española.
Las
montañas y lagunas como elementos de veneración y parte fundamental de la
cosmovisión entre los pueblos prehispánicos, constituye un tema recurrente
entre los investigadores. Los cerros y lagunas son considerados un lugar
sagrado en cuyo interior se atesoran los mantenimientos que los dioses brindan
una y otra vez a los seres humanos.
Por tanto, con este estudios se ha intentado demostrar
como las lagunas y los cerros son percibidos en el sistema de creencias andinas
y el uso oracular particular que Ayllon y Fazayñan tuvieron entre
los aborígenes kañaris, a partir de su ubicación geográfica particular en la
Cordillera Oriental.
Se sabe que las altas
cumbres y lo profundo de las lagunas eran concebidas como moradas de las
deidades y los espíritus ancestrales y por su naturaleza especial, eran objeto
de tributo y adoración. Entonces
montañas y lagunas ocupan un lugar de privilegio en las creencias y prácticas
rituales que pueblan el mundo andino. Las altas cumbres son concebidas como
moradas de deidades atmosféricas y espíritus de los ancestros, a los que se
cree íntimamente relacionado con la fertilidad y las lluvias. Las lagunas
cumplen una importante función en el mantenimiento de la vida en los Andes, que
es la de reservar la preciosa humedad dispensada por las montañas. El agua,
concebida como la sangre de la vida agrícola andina. Es por ello que el culto a
las montañas relacionado con la fertilidad y la lluvia tiene antigüedad
milenaria en la cordillera de los Andes. El culto a las
montañas y lagunas ha sido denominado "El fundamento principal de la
cultura andina", al proporcionar una unidad cultural subyacente a los
pueblos andinos.
Su antigüedad es obvia, ya que los rasgos
básicos del culto a las montañas y lagunas se han encontrado a través de todo
los Andes, ha sido señalado en las fuentes históricas más tempranas y en las
leyendas, está basado en sólidas observaciones ecológicas y se ha mantenido
hasta el día de hoy con muy pocos cambios a pesar del proselitismo Cristiano.
Para quienes habitaron esta zona -los kañaris-
la montaña es un espíritu divino que tiene un gran poder para la vida de los
hombres que habitan en su entorno, es el "Apu", cuyo
significado andino es que son los espíritus tutelares de los antepasados
protectores, es por eso que se le reverenció con rituales. Los “apus” “no solo
eran proveedores de las lluvias fertilizantes, sino también decidían sobre la
vida y muerte y eran generosos donadores de riquezas, pues en sus entrañas se
laboraba el oro y otros metales preciosos” (Moreno Yánez, 2007: 175).
Así las montañas y lagunas se convierten en símbolos y lenguajes
que expresan el vínculo entre el mundo de los espíritus y mundo terrenal. Se
trata de signos y códigos que
integran el territorio como unidad espacial mítica y real, que da validez a la
idea de centro del universo establecidas por nuestras culturas prehispánicas.
Tanto la
laguna de Ayllon como el cerro Fazayñan o Huacayñan –según González Suárez–
fueron pacarinas o adoratorios eminentes de los kañaris. “los Cañaris adoraban
como á una divinidad particular al cerro Huacay-ñan, y una laguna que se halla
hacia los términos de la provincia del Azuay en la gran Cordillera oriental
sobre el pueblo de Sigsig, porque suponían que de allí habían salido sus
progenitores, y le hacían sacrificios, arrojando á ella oro en polvo y otras
cosas, en varias épocas del año” (González Suárez, 1969:145).
Según lo expuesto para Aldem Yépez los mitos de origen
de la cultura Cañari que enfatizan la transformación de la serpiente y las
guacamayas en seres humanos, nos permite pensar en un sistema religioso
practicado por los sacerdotes de la región de Sigsig (y probablemente del país
Cañari), según la cual éstos adquirían las características perceptivas y
anímicas de las huacas consultadas. Las huacas de Fazayñan y Ayllón resultaban
en una suerte de oráculo. Los
héroes fundadores (Elíade denomina “héroes civilizadores”, 1981: 59) de los
mitos de origen (guacamayas y serpiente) dan un caráctertotémico particular al
cerro y a la laguna, en tanto que los rasgos geográficos en la percepción
andina colocan a cerro y laguna como centros del mundo (“omphalus-i”), una concepción
territorial diferente a la concepción occidental moderna. (Yépez,
2010:124).
En este sentido los cerros y lagunas aparecen como el lugar de morada de los
Apus, Yayas o Taitas, quienes encarnan los antepasados míticos de los
aborígenes. Por tanto la laguna de Ayllón como el cerro Fazayñan, a
pesar de que se encuentran en puntos geográficos muy diferentes, fueron
percibidos dentro del sistema de creencias andinas, y parece ser el sentido
religioso básico de la cosmovisión kañari.
La territorialidad simbólica sagrada de
nuestros pueblos prehispánicos ha permanecido en la actualidad en la memoria
tradicional, establecida mediante las mitologías que explican los acontecimientos
y particularidades originales de la historia y la cosmogonía de los pueblos, en
la que se organiza y se delimita el mundo natural, social y espiritual. Así la
mitología se acerca a la conceptualización de los sistemas simbólicos que
representan las concepciones de las formas reales establecidas en la geografía
y evidenciadas en la sacralización de espacios específicos que conforman la
estructura del espacio y territorio sagrado.
En la actualidad estos espacios
mantienen unas relaciones que permiten no solo, mantener el equilibrio de las
energías, si no que regulan las acciones y reaccione s de los humanos en el
territorio, validado a través del pensamiento ancestral como principio básico
de una dinámica y unas lógicas inmersas en la diversidad.
BIBLIOGRAFIA
· ASTUDILLO,
Hugo.
2008. “Sígsig:
Políticas para la protección de su patrimonio Cultural” Tesis previa a la
obtención del Título de Licenciado en Ciencias de la Educación, Especialización
Historia y Geografía. Universidad de Cuenca.
· FUENTES
DE AVILA, Francisco
1636
“Sobre desagüe de la laguna de Santa Bárbara (título atribuido)”. AGI/Q.
Cedularios 209,L.2,F.103R-103V.
· GONZÁLEZ SUÁREZ, Federico.
1904.
“Prehistoria Ecuatoriana”
1922. “Estudio
histórico sobre los cañaris, antiguos habitantes de la provincia del Azuay en
la república del Ecuador” Universidad de Cuenca.
MORENO
YÁNEZ, Segundo
2007 “Ofrenda sacrificial al Guagualzuma” II Congreso ecuatoriano de antropología y arqueología.
Balance de la última década: aportes, retos y nuevos temas. Quito: Abya Yala
· YÉPEZ, Alden.
2011. “Prospección subacuática en
una laguna de altura, Ayllón (cantón Sigsig)” Informe final. Consultor
INPC.
1/09/2014
Los kañaris y los santuarios de altura
El concepto de espacio y territorio
sagrado fundamentan y sustentan la esencia del pensamiento andino, sugiriendo
nuevas miradas y nuevas dinámicas de los estudios territoriales. Esta perspectiva advierte las
distancias y las aproximaciones de las estructuras sociales y organizativas de
estos grupos. Esta racionalidad nos permite permanecer y proteger los territorio a través de su
legado histórico cultural, como lo es la visión cosmogónica que caracteriza su
pensamiento, desde donde hacen explícita las explicaciones de contexto como
parte de la realidad y de la vida, estableciendo simultáneamente la lógica que
sustenta la existencia del espacio y el territorio sagrado dentro de la
dinámica de la diversidad.
En este sentido, para comprender la
gran relación que tenemos con el entorno, es necesario comprender la
historia del pueblo que nos antecedió, es decir la historia del pueblo kañari,
la misma que básicamente inicia desde uno de los mitos de origen; una de las
más antiguas referencias acerca de este mito la encontramos en la “Relación de
fábulas i ritos de los ingas” de Cristóbal de Molina correspondiente a la
segunda mitad del siglo XVI, pues se sabe que éste llegó al Cusco en calidad de párroco y
consecuentemente escuchó o tuvo noticias de kañaris que fueron llevados por
Túpac Yupanqui y Huayna Cápac en
calidad de mitmakuna.
Es muy probable que Molina haya utilizado para la
redacción de su fabula como fuente de datos principales las entrevistas o
conversaciones con los kañari del Cuzco. De hecho se sabe que éstos vivían en
el barrio de “Carmenca”, perteneciente a la parroquia de Santa Ana y que mantuvieron
sus privilegios y status por lo menos hasta mediados del siglo XVII.
A continuación transcribimos el mito de
origen de los kañaris contado por Cristóbal de Molina el mismo que ha
sido transcrito casi literalmente por Pedro Sarmiento de Gamboa en 1572 y
reproducido de igual madera por el padre Bernabé Cobo en 1653, claro que con
algunas divergencias entre el uno y el otro.
“En la
provincia de Quito está una provincia llamada Cañaribamba, y así llaman los
indios por el apellido de la provincia, los cuales dicen que al tiempo del
diluvio, en un cerro llamado Huacaynan, que está en aquella provincia,
escaparon dos hermanos en él, y dicen en la fabula que como yban las aguas
creciendo, yba el cerro creciendo, de manera que no les pudieron enpeçar las aguas,
y que allí después de acavado el diluvio y acavándoseles la comida que allí
recoxieron, salieron por los cerros y balles a buscar de comer y que hizieron
una muy pequeñita casa en que se metieron, a do se sustentavan de rayces y
yervas, pasando grandes trabajos y hambre y que un día, aviendo ydo a buscar de
comer, queando a su casilla volvieron, hallaron hecho de comer y para beber
chicha, sin saber de dónde ni quién lo huviese hecho ni allí traydo; y que esto
los acaeció como diez días, al cavo de los cuales trataron entre sí querer ver
y saber quien les hacía tanto vien de tanta necesidad; y así el mayor dellos
acordó quedarse escondido y vio que venían dos aves que llaman aguaque, por
otro nombre llaman torito, y en nuestra lengua las llamamos guacamayos. Venían
vestidas como cañares y cabellos en las cabeças, atada la frente como agora
andan; y que llegadas a la choça, la mayor de ellas vido el yndio escondido, y
que se quitó la llicta, que es el manto de que usan, y que empeçó a hacer de
comer de lo que trayan, y que como vido que eran tan hermosas y que tenían
rostros de mugeres, salió del escondrijo y arremetió a ellas; las quales, como
el yndio vieron con gran enojo se salieron y se fueron bolando, sin hazer ni
dexar este día que comiesen. Y uenido que fue el hermano menor del campo que
avía ydo a buscar que comer, como no hallase cosa aderezada como los demás días
solía hallar, pregunta la causa de ello a su hermano, el cual se la dijo; y
sobre ello uieron gran enojo; y así el hermano menor se determinó a quedarse
escondido hasta ver si volvían. Y al cabo de tres días boluieron las dos
guacamayas y empeçaron a hazer de comer y que como viese tiempo oportuno para
coxerlas, entró al tiempo que vido que ya avían hecho de comer; arremetió a la
puerta y cerróla y cogiólas dentro, las quales mostraron gran henojo y así asió
a la menor, porque la mayor, mientras le tenía a la menor, se fue. Y con esta
menor dicen tuvo acceso y cópula carnal; en la qual, en el transcurso del
tiempo, tuvo seis hijos e hijas, con las cuales vivió en aquel cerro mucho
tiempo sustentándose de las semillas que sembraron, que dicen que trajo la
huacamaya, y destos hermanos y hermanas, hijos desta huacamaya que se
repartieron por la provincia de Cañaribamba, dicen que proceden todos los
Cañares; y así tienen por huaca el cerro llamado Huacaynan y en gran veneración
a las Huacamayas; y tienen en mucho las plumas dellas para sus fiestas…” (Cristóbal de
Molina, 1989 [1575]:55-56. En: Alden Yépez, 2010:117).
De la misma
manera, en el sistema cosmogónico de los Kañaris, se atribuye el nacimiento de
la primera pareja humana a una gran culebra, probablemente esta creencia tenga
influencia Chimú. “Los Kan-are, descendientes de la culebra formaron numerosas
tribus y pueblos repartidos en valles y sierras y cuando ocurrió el próximo
eclipse, trataron desagraviar a la luna y buscaron a su madre la culebra para
rendirle homenaje. Mas la culebra en su huída y deslumbrada por la luz de la
luna en la superficie de las aguas de la laguna, arrojase a ella y sumergiose
en el fondo sin volver a la superficie. Los Kanáres, sus descendientes
levantaron adoratorios a la luna en las cimas de los montes altos y a la
culebra, ofrendas de oro y comida y bebida en la laguna (según la tradición
serían las lagunas en las que sumergióse la culebra leoquina. Shinshin, llamada
después laguna de Ayllón.)” (Domínguez, 1999:36).
Sabemos por
algunas fuentes que por el año de
1548 don Pedro de Ayllon, Don Diego Vargas y don Fidelio de Neiva tres
aventureros que buscaban tesoros, minas y riquezas se enteraron de que una
laguna había sido arrojado tesoros, esa laguna se llamaba Simshan, estos tres
ambiciosos trataron de rescatar estos tesoros que se dice estaban en el fondo
de la laguna, el más aventurado se sumergió y fue absorbido por la laguna y no
salió, después regresaron los dos viajeros con la noticia y desde entonces
comenzó a llamarse la laguna de Ayllon, que se conserva hasta la
actualidad.
González Suárez
con respecto a la creencias de los kañaris menciona: “Los cañaris se creían
descendientes de una culebra, grande y misteriosa, la cual finó sumergiéndose
ella misma voluntariamente en una laguna solitaria de agua helada, que se halla
sobre el actual pueblo de Sigsig, en la Cordillera Oriental de los Andes. Esta
laguna era para los cañaris del Azuay un lugar sagrado, y un santuario; y en
ofrenda a la culebra que les había dado el ser, acostumbraban arrojar al agua
figurillas pequeñas o idolillos de oro” (Gonzales Suárez. 1922).
Los Kañaris
profesaban suma veneración a las lagunas, las cuales para ellos eran lugares
sagrados y objeto de superstición y de culto religioso, por creer que allí se
había sumergido voluntariamente la culebra progenitora de los kañaris. Este
mito a más de ser atractiva, parece que en el fondo guarda una realidad que
puede ser evidente, pues en Zhabalula se encuentra una cabeza de culebra
labrada en piedra, con los ojos y boca bien patentes.
Para González
Suárez eran tres las lagunas sagradas y adoratorios, consideradas por las
distintas parcialidades Kañaris como pakarinas (lugar de origen). “…La laguna
conocida antiguamente con el significativo nombre cañari de LEOQUINA, es sin
duda ninguna, la que hoy se llama laguna de Busa y está cerca del pueblo de San
Fernando… La otra laguna se le conoce con el nombre de culebrillas, y está en
las hondonadas del nudo del Azuay…La tercera la laguna sagrada, objeto de culto
para los Cañaris era la que está en la cordillera oriental sobre el pueblo de
Sígsig; por documentos antiguos merecedora de crédito, consta que la laguna que
ahora lleva el apellido de AYLLON era el lugar sagrado para los antiguos
Cañaris” (Gonzales Suárez. 1922)
Sin embargo, la pregunta que surge en torno a esta
cultura, a pesar de que los kañari es, entre todas las antiguas naciones
indígenas del Ecuador la más estudiada ¿De qué tronco étnico arranca los
kañaris?
González Suárez, quien por muchos años estudio
detenidamente a la cultura kañari, sostuvo que la provincia del Azuay fue
poblada antiguamente por tribus diversas, y que al pasar el tiempo llegaron a
formar una sola nación conocida en la historia con el apelativo de kañari, los
mismos que no pertenecen todos a la misma rama étnica y que su confederación
estaba formada por agrupaciones que procedían de troncos étnicos distintos.
“Con el apelativo de cañaris se designa en la prehistoria ecuatoriana una
nacionalidad, y no una raza: los cañaris constituían una nación, regida y
agrupada, mejor dicho, por una alianza federativa; pero no eran todos oriundos
de la misma raza…” (González Suarez, 1904:14).
Así mismo, se ha pensado que colonias Chimús han
contribuido a la formación de la nación kañari. La habilidad de los Chimús en
el laboreo de las minas, comparada con los primitivos habitantes de Sígsig, su
análoga manera de sepultar a los muertos, el parecido de la cerámica, la
semejanza del artificio en la confección de sus telas de vestir, y la identidad
de la homofonía de algunos nombres de lugares, han conducido al Dr. Matovelle a
este planteamiento; además indica que la nación de los kañaris se formó por la
yuxtaposición de tribus de razas distintas, idiomas y procedencia opinando
finalmente que el origen de los kañaris es múltiple, pero dio primacía a la
cultura Chimú. (Matovelle, 1921:25).
Se habla, al propio tiempo de que los Chibchas,
pueblos de la meseta de Cundinamarca, en Colombia, reverenciadores de las
lagunas, como los kañaris, diciéndose de los primeros que, por Barbacoas y
Santo Domingo de los Colorados, se avanzaron para acá del nudo de Tiocajas; y
no deja de insinuarse que aún las culturas o civilizaciones de Tiahuanacu, de
allende el lago de Titicaca, en Bolivia, y de Nazca, en la región peruana de
Ica, han sido halladas en las Comarcas kañaris. El señor Jesús Arriaga da mayores visos de
probabilidad a la venida de los Caribes a esta región; y lo hace fundándose en
la abundante copia de voces, ya Caribes y ya kañaris, todas homófonas o poco
menos, que trae en su libro de Apuntes de Arqueología Cañar: En su
interpretación de la palabra kañari concluye, a que lo lleva también el hecho
de que el punto conocido en Panamá con la denominación de Corte de la Culebra
llámase Sierra Cañara, como se asegura en la Geografía Universal de Vidal de la
Blache. Descomponiendo el vocablo, se tiene que can significa culebra y ara,
guacamaya, precisamente los animales de que, en sus ritos totémicos, se creían
descendientes los kañaris. (Arriaga, 1922).
Por
simple analogía de nombres, el religioso dominicano Fray Domingo de los
Angeles, que en 1582 ejerció la cura de almas de los pueblos de San Francisco
de Paccha y San Bartolomé de Arocxapa,
expresa que se llaman cañares los habitantes de esta región, debido a que en
ella abunda el árbol denominado cañaro.
Gonzales
Suárez por su parte realiza una significación más de acuerdo con las costumbres
aborígenes: “Conjeturamos que el apellido de cañari no pertenece ni a la lengua
quechua ni a la aymará, y lo interpretamos como un vocablo compuesto propio del
idioma quiché; en cuyo supuesto, cañari sería lo mismo que Can-ah-ri, que
significa estos son de la culebra… nuestra interpretación concuerda con las
tradiciones de los Quichés, en los cuales a cada paso ellos se daban a sí mismo
el nombre de hijos de la culebra”
El Dr.
Octavio Cordero Palacios al respecto opina que el vocablo kañari es de origen
quechua, que solo aparece después de la conquista incaica, significando
vanguardia, porque esta región llegó a quedar al norte o sea a la vanguardia
del imperio del Cuzco…” (En: Monografía del Azuay, Por Luis F. Mora y
Arquímedes Landázuri, 1926)
Con base en las fuentes etnohistóricas
españolas tempranas se conoce que la cultura kañari estuvo ampliamente
dispersa en el austro ecuatoriano, en lo que actualmente es la provincia del
Azuay y Cañar (“Relación” de Cuenca y de toda su provincia, 1992 [1582]:
373-374), llegando incluso al norte hasta la cuenca del Chanchán, en la actual
provincia de Chimborazo. El área ocupacional de la cultura kañari comprendía un
inmenso territorio en el cual se afianzaron libres y valerosos, sujetos a las
condiciones del medio geográfico y en donde se dedicaron a construir su
organización social. Limitaba por el Occidente, con el Pacifico: por el sur,
pasaba del nudo de Saraguro: por el Norte, probablemente llegaba hasta este lado
del Azuay: por el Oriente, avanzaba las comarcas montañosas habitadas por lo
jibaros (González Suárez, 1968:161).
En un estudio mas reciente realizado por Jaime Idrovo
considera que la etnia o nación cañari tuvo como escenario de vida un extenso
territorio, parte del cual hoy llamamos hoya Cuenca-Azogues. Este conjunto,
limitado hacia el este y oeste por la cuenca amazónica y la costa pacífica
respectivamente, se cierra bruscamente al norte en el nudo del Azuay, en tanto
que al sur lo hace en el área de San Lucas-Saraguro, habiendo constituido el
espacio de un proceso histórico muy importante en la formación de una de las
personalidades étnicas mejor expresadas en todo el sur del Ecuador. (Idrovo,
2000:39).
Las hoyas de los ríos Cañar, Paute y
Jubones, al parecer estaban marcando una subdivisión del territorio Cañari en
tres sectores: “Hatun Cañar” (cuenca del río Cañar), el “Tomebamba” (cuenca
del río Paute) y el “Cañaribamba” (cuenca del río Jubones).
Al sur del nudo del Azuay, es decir en
el limite norte más claro de la expansión de la cultura kañari, hasta Zaruma
la geografía se caracteriza por tener hoyas profundas rodeadas por montañas
no tan elevadas como en la vecina subregión septentrional. De hecho las dos
cordilleras de los volcanes, tan característicos en el septentrión andino, son
reemplazadas por “ondulaciones monótonas o mesetas volcánicas altas, entre
3.600 y 4.700 m.” (Moreno Yánez, 1983: 96).
Existen dos depresiones interandinas
ubicadas bajo la cota de 2.600 m. (Sievers, 1994: 397) y que corren de noreste
a sureste, como en líneas paralelas: la depresión Cuenca- Santa Isabel y la depresión
Gualaceo-Nabón-Saraguro. Esta geografía con rocas eruptivas antiguas que
sobresalen por encima de los 3.130 m. (Sievers, 1994: 397) en gran medida fue
el paisaje que inspiró a los aborígenes del austro andino a venerar a las
huacas y, posiblemente en épocas posteriores, al parecer motivó a los incas a
apoderarse al menos de los puntos sagrados más conocidos de la cultura Cañari.
En este dilatado espacio –anota Juan Cordero– existían
de veintiuna o veinticinco comunidades o tribus, o tal vez más. El Padre Juan
de Velasco los enumera con sus antiguos nombres o con los nuevos tomados de
palabras castellanas. Si a ello sumamos los correspondientes a muchas
localidades no consideradas por él, algunas de ciertas proporciones y otras tal
vez solo pequeños ayllus, tendríamos más. Hoy persisten casi todas en el Azuay
y en Cañar y en algunos lugares de vecinas provincias. Hemos sumado todas y la
lista es larga: Achupallas, aimales, alucies o alausíes, amancayes, aroxapas
(San Bartolomé), atun cañar o (hatún cañaris), bajanas, bambas, bolos,
burgayes, burines, cabules (el Cabo), cachibambas, cañaribambas, (Yunguilla),
cibambis, cinubios, cojitambos, cóllanles, copsíes, cozabambas, cumbes,
cumbipircas, cuyes, chanchanes, charasoles o charabsoles, chaullabambs,
chocares, cholaguanes, chordeleges, chunchis, chunllines, chuquimarcas,
chuquipatas, delegseños, dummas, fungas, gañas, gañelbambas, guabsis,
gualaceos, gualleturos, guaneras, gunales, guapanes, guapdondelegseños,
guaraineños, guasuntos, guaichas, guritavas, hatmales, huiracochabambas,
huagibambas, hazmale (Guachapala), jadanes, jimas, labatas, leguanes,
leoquinas, ludos, maceos, macazas, machángaras, manganes, manes, maras, mastas,
maxcalandas, mollepungos, molleturos, nultis, oñas, pacaibambas (Girón),
pacchas, panes, paxis, payguaras, pautes, peleusíes, pichicayes, pilcomarcas,
pillacayes, pixilies, puezares, pimancayes, pindiligceños (o Macas, una
toponimia que se repite varias veces), plateros, pucarás, pumallactas,
quilloacenses, quingeos, racares, regdelegceños, sabuines, salquinchíes,
sanganoas, sanllas, saquicelas, sayausíes, siccis, sides, (o San Juan de
Gualaceo), sidcayes, sisides, tadayes, tamalannechas, tarcanes, tarquis,
tiquizambis (quiznas, jubales y zulas), togtesíes, tomebambas, tutamasis,
ucubambas, yunauces, yunguillas, zagdelgos. Toda esta lista fue elaborada por
Juan Cordero y sus colaboradores a partir de los nombres recogidos por Juna de
Velasco, Octavio Cordero y los esposos Costales Peñaherrera. (Cordero,
2007:169).
Aunque
podemos considerar a los kañaris como un grupo único con unidad cultural, no
conocemos con seguridad si tuvieron una autoridad superior reconocida por
todos. Sin duda, la base de la estructura social fue el
ayllu, identificado como una célula humana con ancestros y propiedades comunes
y cada uno tenían una autoridad conocida como cacicazgo o en una palabra mas andina
curacazgo, los cuales eran modelos de organización social y política basadas,
no en un determinado territorio, si no en la relación de parentesco entre
diferentes ayllus.
El
kuraka, verdadero señor, además de ejercer autoridad política ostentaba un
prestigio chamánico, al ser considerado el principal descendiente de los
ancestros reales o míticos del grupo social. En el caso de un conflicto armado,
era usual la elección de un kuraka de guerra, cuya autoridad militar era
temporal y respondía únicamente a un estado de emergencia, como es el caso del
kuraka Duma que hizo frente a la invasión inka.
Lumbreras menciona que los kañaris fueron guerreros
asociados a grupos tribales con jefes locales y, aparentemente, sin forma
ninguna de poder central. (1999:329)
A esto, acota Domínguez “La confederación Cañare en
sus divisiones del Cañar de Arriba –hanasayas– y los cañares de abajo
–hurinsayas- contaban con los noventa y cuatro pueblos distribuidos en diferentes
lugares y gobernados por un cacique principal, en el centro de mayor
organización y desarrollo; y otros caciques, señores cañares, jefes de los
pueblos pequeños o de las tribus organizadas. Los centros principales eran
Lausi, Cañar, Pueleusi, Guapondeleg, Gualaxio, Paute, Girón, Cicçe” (Domínguez, 1999:51).
Con estos referentes sabemos que la nacionalidad
Kañari estaba muy bien organizada bajo diferentes parcialidades con su
respectivo kuraka, pero vale la pena mencionar que cada parcialidad veneraba a
dioses tutelares, mas la culebra y la guacamaya, tótem comunes, recibían el
culto de la nación entera.
Un esbozo de carácter general sobre los kañaris y sus
costumbres, realizado por Cieza de León se entiende que:
“los naturales desta provincia, que han por nombre los cañares, como
tengo dicho, son de buen cuerpo y de buenos rostros. Traen los cabellos muy
largos, y con ellos dada una vuelta a la cabeza de tal manera, que con ella y
con una corona que se ponen redonda de palo, tan delgado como aro de cedazo, se
ve claramente ser cañares, porque para ser conoscidos traen esta señal. Sus
mujeres, por lo consiguiente, se precian de traer los cabellos largos y dar
otra vuelta con ellos en la cabeza, de tal manera que son tan conoscidas como
sus maridos. Andan vestidos de ropa de lana y de algodón, y en los pies traen
ojotas, que son (como tengo otra vez dicho) a manera de albarcas. Las mujeres
son algunas hermosas y no poco ardientes en lujuria, amigas de españoles. Son
estas mujeres para mucho trabajo, porque ellas son las que cavan las tierras y
siembran los campos y cogen las sementeras, y mucho de sus maridos están en sus
casas tejiendo y hilando y aderezando sus armas y ropa, y curando sus rostros y
haciendo otros oficios afeminados. (…) Las casas que tienen los naturales
cañares, de quien voy hablando, son pequeñas, hechas de piedra, la cobertura de
paja. Es la tierra fértil y muy abundante de mantenimientos y caza. Adoran al
sol, como los pasados. Los señores se casan con las mujeres que quieren y más
les agrada, y aunque éstas sean muchas, una es la principal. Y antes que se
casen hacen gran convite, en el cual, después que han comido y bebido a su
voluntad, hacen ciertas cosas a su uso... El hijo de la mujer principal hereda
el señorío, aunque el señor tenga otros muchos hijos habidos en las demás
mujeres. A los difuntos los metían en las sepulturas de la suerte que hacían
sus comarcanos, acompañados de mujeres vivas, y meten con ellos de sus cosas
ricas, y usan de las armas y costumbres que ellos. Son algunos grandes agoreros
y hechiceros; pero no usan el pecado
nefasto ni otras idolatrías, mas que de cierto solian estimar y reverenciar al
diablo, con quien hablaban los que para ellos estaban elegidos” (Cieza de
León, 1962: 144-145: en Idrovo, 2000:68-69)
En las diversas fases culturales de la cultura kañari,
la industria artesanal alcanzó importantes logros tecnológicos, como por
ejemplo, en la cerámica, a través de la cual se diagnostica en buena medida sus
avances en sus fases Tacalzhapa y Cashaloma; En el tejido cuya análisis de
trama, finura y decorado encontrados en varios yacimientos arqueológicos se
evidencia el conocimiento de varias técnicas y el uso de fibras tanto animales
(camélidos), como vegetales (algodón); En la industria lítica existen
abundantes piezas, las mismas que comparten formas comunes con las de otros
pueblos. La cultura kañari
gracias quizá al trafico de la concha spondylus, cobre, plata y conjuntamente
con el del oro procedentes de los ríos orientales, desarrolló sofisticadas
técnicas de orfebrería. En la metalurgia donde los kañaris sobresalen –escribe
González Suárez– tenían conocimiento del oro, de la plata, del cobre y del
estaño; poseían además el secreto de la aleación de estos metales en una
proporción tan acertada, que formaban instrumentos de un temple capaz de suplir
los de hierro y los de acero, por lo fuerte y resistible de ellos. La habilidad
artística en el manejo de los metales como el oro, plata, cobre y la mezcla de
oro con cobre “tumbaga”, se ha hecho presente en un sinnúmero de objetos
encontrados en las diferentes huacas a finales del siglo XIX y mediados del
siglo XX....Continua...
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