5/12/2014

A PROPÓSITO DE LOS 271 AÑOS DE LA COMUNA SAN SEBASTIÁN



A inicios de abril de este año la Comuna San Sebastián celebró sus 271 años de fundación, claro, todo esto valiéndose de los documentos que fueron consignadas en 1743. Ahora la pregunta es fundación de que, pues se entiende que fundación es la acción y el efecto de fundar y, consecuentemente, el principio, establecimiento u origen de algo.
Que yo sepa y en base a los documentos existentes en los archivos, el reducto de gente que en esa época eran indígenas existieron cientos de años atrás, por ejemplo el cacique de Sígsig D. Joseph Puglla en agosto de 1687 puso en venta un solar con una casa que la Comunidad de Indios tenía en la plazoleta de Usno, junto a Pumapungo que servía de albergue para los Indios de Sígsig que iban a prestar el servicio de uyaricos. Sin embargo a pesar de todos los reclamos el expresado cacique se convirtió en heredero y dueño del solar. El abuso cometido provocó las reclamaciones pertinentes por parte de Da. Francisca Yubra el 11 de octubre de 1692, india del Pueblo de Sígsig; existen muchos documentos que demuestra la existencias de la comunidad como tal. Entonces porque celebraron 271 años de fundación. 
Como dije se valieron de los documentos que fueron consignadas en 1743 por el supuesto rey de España. En este documento se dice que 1708 algunos dirigentes de la Comunidad de Indígena de Sígsig adquieren enormes reductos de tierras aledañas a las minas con el objetivo de quedar libres de tasas y servicios. Estos consta en el supuesto título protocolizado en una notaria de Sígsig en 1743 “…Y toda la Mayor extensiones de los citios que como a tal le corresponden y tienen en ese Pueblo y en todo los reynos de la tierra, y haciendo entregan según la signacion fecha por el Rey Don Fernando de Sierra y Osorio a Quince de Enero de mil setecientos y ocho, a favor de los Indios de el SígSig. Y por toda la inmensa reduccion de el Pueblo entero…”
En 1743 la misma comunidad vuelve a adquirir nuevamente esas tierras, esta vez por una exuberante cantidad de cincuenta libras de oro en polvo “…confiesan tener ya apercibidos Cincuenta libras de oro fino en la Caja Real del Rey Nuestro Señor del caudal propio de los señores Carlos de Ray, Francisco de Rayo, dado en caridad y beneficio de los Indios: balor de toda la inmensa reducción de el pueblo entero…”
Un año después, 1744 la comunidad de indígenas compra nuevamente sus propios bienes pero esta vez por una arroba de oro y otra de esmeraldas.andicar que raron los indígenas spaña. deEntonces porque celebraron la fundacion
Los linderos de este enorme latifundio que compraron los indígenas una y otra vez, según estos títulos son: “…dan para sus linderos en los puntos nuevos mojones el circulo, en líneas Rectas. Por la cabecera con las jibarias de Calalaes y de Sangurima. Por el pie desde la esquina de dicha hacienda de Pamar. Primero del Indio dicho Duma y segundo de Inegues sambo de nación, Sigue por el Río de santa bárbara y por una quebrada ceca y termina en el lindero de la hacienda de gutun de Manuel Monrroy y Francisco Saenz. Por un costado desde ahí sigue para Arriba y pasa por la cruz de Amorgeo y ba a dar en la altura de la cuchilla de las jibarias y termina en las Jibarias de Sangurima. Y por el otro costado desde la esquina de la hacienda de Piruncai de Eugenio Ramirez sigue para arriba y pasa por Moras Loma y Cruz de Panzha cundursamana y por el lindero de dicha hacienda de Guel primero de los indios dichos Sanchez y Segundo de Gregorio Banegas, y por el Río de Zhio, y el lindero de la hacienda de primer principal de Gualaceo de Salazar, segundo de Moreno, y tercero de Gabriel Cambisaca y por la parte mas elevada del cerro fasaiñan pequeño y va a dar en la altura de la cuchilla de las jibarias y termina en las Jibarias de Calalaes…”       
Cabe indicar que a pesar de las compras de sus propias tierras, los indígenas de la Comuna continuaron prestando sus servicios en la mita y pagando una serie de tasas, como la décima parte de la producción agrícola o de su ganado menor y mayor, siendo también objeto de abusos frecuentes por parte de los rematadores e incluso fueron víctimas de los blancos y mestizos, pues en 1768, se les amenazó con privarles de las tierras asignadas precisamente bajo la pensión de los uiaricos.
Ahora bien, para saber cuales fueron las verdaderas intensiones al redactar dicho documentos citamos a Guillermo Segarra quien en una obra relativamente extensa (ca. 100 págs.), cuestiona la legalidad de los títulos comprados con grandes cantidades de oro y esmeraldas por los comuneros de San Sebastián del Sígsig en 1743 y 1744, y se concentra en analizar la escritura y los sellos acompañantes de dichos títulos para comprobar su veracidad; y en un lenguaje provocativo y un sarcasmo que inicia desde el “proemio” de la obra y lo caracteriza hasta las “conclusiones pertinentes” determina que:

“…los indios de la comunidad fueron sorprendidos dolosamente en Gualaceo con documentos fabricados allí mismo con el propósito de convencerles de que solo Gualaceo tenía que ser cantón, y que Sigsig debía depender siempre de él… además establece que: e) que los anacronismos, vicios legales, inobservancia de las solemnidades de rigor, suplantación de firmas, disparates, incongruencias, ridiculeces, mezquindades y absurdos que plagan los supuestos títulos de la comunidad, acarrean la nulidad absoluta de esas pruebas... y f) que los estafadores vendieron a la comunidad por sumas tan fabulosas de oro y de esmeraldas, no fueron tierras ni bienes de ninguna clase, sino solamente papeluchos de burla. La utilización de esos falsos documentos para reclamar el territorio que se simula venderles constituiría un intento de estafa penado por las leyes” (Segarra, 2005:41-83).

El texto de Segarra refleja cierta simpatía con el derecho de administración y usufructo (carente de linderaciones) de “Citios, los Montes, Pastos, Pajas, Aguas y Abrevaderos” de la Comuna de San Sebastián desde la colonia temprana.
Para Segarra resulta anacrónica e irrisoria la expresión usada en los títulos de compra de tierras de “círculo en líneas rectas” para manifestar el trazo de los linderos (líneas rectas) y los mojones (círculos); de ello comenta: “…y aún hemos de haber porfiados que neguemos a macha y machete la existencia del circulo cuadrado.” (Segarra, 2005:60). Según Segarra y de acuerdo con la grafía de los títulos, éstos habrían sido redactados luego de 1824, pero las fechas de su suscripción habrían sido suscritas con fechas concernientes a 1743 y 1744.
Los intereses de Gualaceo por mantener la supremacía política sobre Sígsig, hicieron que “funcionarios galaceños aprovecharían entonces de una oportunidad cualquiera para disponer, mediante la factura de títulos apócrifos, con todo el poder y autoridades, que Sígsig no cambie jamás de rango.” (Segarra, 2005:55).
Transcribo un extracto de lo que consta en el título de propiedad de la Comuna protocolizado supuestamente en 1743 que conjuntamente con personeros de Gualaceo querían coartar su cantonización.

“…Yndios contrarios no lo intentes ni traten poblar de Cantón Villa el espresado pueblo Parroquia de los Yndios, ni fundar mas anejos y capillas ni hacer sus casas en el centro de el Pueblo o dentro el Circulo de el Pueblo de los Indios, ni quiten la inmensa reduccion de el Pueblo entero ni la mayor extenciones de los citios, los Montes, Pastos, Pajas, Aguas y Abrevaderos, ni el citio de la reedificacion del templo y del Pantion, ni la sacristia, ni el coro comunes de los Indios oriundos Lexitimos de el Pueblo, ni trasponer el circulo de el Pueblo de los Yndios, ni quiten, ni cuarten los Gastos del consejo real de su Majestad, ni el Dominio de el Canton de la Villa de el Gualaceo…” (Títulos de propiedad de la Comuna San Sebastián. Archivos de la Notaría Segunda de Sígsig).

Con este pequeño artículo no pretendo estar en contra de la Comuna San Sebastián, más bien compartir algunos capsulas históricas y así evitar caer en el memoricidio.  

5/09/2014

Una reflexión para conservar el patrimonio cultural


Sígsig Patrimonio Cultural del Ecuador es un cantón multicultural, que a lo largo de todo el proceso histórico se ha logrado constituir en uno de los focos que alberga la riqueza cultural más nutrida y variada del Ecuador y que comprenden todas aquellas expresiones o testimonios de la creación humana. Es por este motivo que los centros educativos deben asumir el compromiso de construir un proceso de conservación del patrimonio cultural en sus diferentes manifestaciones; y de forjar un sentido de corresponsabilidad que genere el reconocimiento e intercambio cultural para descubrir la igualdad en la diversidad.
La relación entre el patrimonio cultural y la educación es fundamental para reforzar los niveles de identidad; sin embargo, para muchos hablar de patrimonio y cultura como parte del currículo en los centros educativos es todavía una entelequia, una abstracción, lo que ha provocado de cierta manera una fragilidad de la memoria histórica y cultural razón por la cual hoy en día se puede hablar de un memoricidio a nivel local. Esto se ha dado fundamentalmente por la absurda concepción de patrimonio cultural y por ende de cultura, pues están todavía inmersos en un concepto tradicional.  
En la actualidad consideramos al Patrimonio Cultural como una construcción social, la misma que va acompañada de un ideal de vida y de un proyecto compartido de sociedad. Es así que, la importancia del patrimonio dentro de la cultura de cada sociedad es indiscutible, y por lo tanto, es impensable no contemplarlo dentro del plano educativo, pues esta tiene una perspectiva integral, ya que adquiere un papel de mediador cultural y de interpretador de la realidad social.
En Sígsig la actual coyuntura de descentralización educativa “Distrito de Educación”, se convierte en una gran oportunidad para coordinar con los centros educativos y entidades culturales, hablo concretamente del Departamento de Cultura del GADS-MS para incorporar guías metodológicas y proyectos concretos en temas de patrimonio local y nacional en la práctica pedagógica cotidiana con el fin de fortalecer nuestros lasos culturales.
Recordemos que los verdaderos guardianes del Patrimonio Cultural somos nosotros mismos, pero son sobre todo los niñ@s, adolescentes y jóvenes los que se encargarán de preservarlo en el futuro, por eso es fundamental que ellos aprendan a conocerlo. El mensaje es conocido: si queremos construir una sociedad mejor debemos entender nuestro pasado, nuestras manifestaciones culturales y nuestros valores, para poder proyectarnos hacia el futuro.  

4/21/2014

EN BUSCA DEL LINAJE DUMA


Este artículo que ponemos a consideración es elaborado en honor a los 150 años de cantonización de Sígsig. Aunque seria ideal dar a conocer los acontecimientos históricos de nuestra emancipacion, sin embargo no queremos introducirnos en el tema ya que existe un debate en cuanto a dicha fecha.
La intensión de este articulo es refrescar las mentes y mas bien introducirnos en en algo fresco como el linaje Duma, pues para muchos no fue oriundo de Sigsig, sin embargo documentos históricos nos dicen lo contrario. 
Las primeras referencias que disponemos del apellido Duma es la que narra Montesinos; sobre la invasión de los cuzqueños al territorio kañari; según esta crónica, por los años 1460-1470 dC. (aprox.), los kañaris fueron “conquistados” por los Inkas; en cuanto al fondo de los sucesos he aquí sus palabras:

“Estando el Inga en esto ocupado, tuvo aviso de sus espías como, los cañares, que ahora son de la ciudad de Cuenca, se apercibían para resistirle y que habían elegido por caudillo a un señor llamado Duma y este había convocado a los señores de Macas, Quizna y Pumallacta. Aprestóse el Inga a ir contra ellos antes que creciese la prevención; no bastó la diligencia, porque los enemigos le tenían tomado los pazos forzosos y algunos de peligro; resistieron al Inga muchos meses y tuvieron muchos encuentros y en uno le obligaron a retirarse a los paltas con pérdidas de muchos soldados y de la mayor parte de su carruaje (…) enviaron a los paltas mensajeros, que pues tenían buena ocasión, se vengasen del Inga, pues estaba falto de gente, que lo matasen o lo echasen de sus provincias. Los paltas oyeron confusos este mensaje, consultaron con los hechiceros qué harán; respondieron que el Inga es bien afortunado y nada había que prevaleciese contra él; toman este consejo, y avísanle al Inga lo que lo cañares trazaban. Agradécelo y háceles mercedes. Viendo los cañares cuan despacio tomaba el Inga su resistencia, le enviaron mensajeros y se le sujetaron, con cargo de que se les perdonase los yerros pasados. Hubo consulta sobre esto, por decir que eran hombres doblados y de poca firmeza los cañares; determinóse que el gobernador que fuese acariciase a los señores y les pidiese en rehenes a sus hijos; recibiéronle con todo regocijo, vino Duma y los demás a postrarse ante el Inga, reconociéndole por hijo del sol; prometióle fidelidad, y en prenda le dio un hijo y una hija, y los demás señores dieron a sus hijos” (Fernando de Montesinos, citado por Juan Cordero, 2007:44-45, tomo II).

Para Fernando de Montesinos fue el mismo Dumma quien organizó la resistencia apoyado por las gentes de Macas, Quizna y Pomallacta, que rechazaron a los cuzqueños al territorio Palta antes de someterse.
Más o menos un siglo después de esta “heroica” batalla, en la fundación de Cuenca (1557) aparece como kuraka de Sígsig Don Juan Dumma el mismo que dio el asentimiento junto a otros kurakas, para que Gil Ramírez Dávalos fundara la ciudad de Cuenca, para Octavio Cordero Palacios se trataría del hijo del gran kuraka Dumma quien hizo retroceder al Inka Túpak Yupanqui.
A partir de estos sucesos a inicios de la colonia los españoles reconocieron y exaltaron a varios caciques kañaris como por ejemplo Pisar Cápac (de Puesar), Cañar Cápac, Chica Cápac, Juan Duma y Lorenzo Duma del Sígsig, Hernando Leopulla y don Diego de Tutusí.
Los kurakas después de demostrar su ascendencia y reconocimiento como cacique, éste podía acceder a similares privilegios del poder colonial: usufructuar a su propia comunidad y hasta percibir ciertos tributos. De allí, como señala Moreno Yánez, algunos caciques se convirtieron en terratenientes, con derecho a utilizar "mitayos" en la labranza de sus campos, realizaban transacciones mercantiles con los españoles y se aprovechaban de parte de las ganancias producidas por los obrajes de comunidad. (Moreno Yánez, 1995), por ende estaban autorizados a lavar oro con su gente, tanto que en la ordenanza sobre tasación y moderación para el trabajo de minas en Santa Bárbara se lee: “ytem los indios de Fernando e Duma puedan echar a las minas ciento e veynte  indios e no más”; además acumulaban tierras y dinero.
En un documentos de 1723 se reporta la gestión de legitimación que hizo Don Lorenzo Duma para conocimiento de la audiencia al momento de ser nominado cacique y gobernador de Sígsig. Dicho trámite exigía que el heredero del cargo demuestre su derecho a acceder al mismo, por lo cual Don Lorenzo hace referencia a su padre, don Pedro, a su abuelo, don Mateo, así como a un don Lucas, probablemente su bisabuelo, y por tanto era descendiente de los Dumas, caciques y gobernadores de Sígsig “desde tiempos del inga” en la gentilidad, desde la fundación de este pueblo. “Don Lorenzo Duma, cacique de la parcialidad Cuycay, Cuello, Collana y Sangorima el pueblo de Sígsig (ANH, serie cacicazgos, caja1, expediente 2, 1723). Don Pedro Duma, cacique principal de este dicho pueblo de las parcialidades de Duma, Collana, Culles y Sangurimas (ídem). Don Lucas y don Matheo Duma difuntos fueron caciques (ídem)”. “Según la referencia, estos últimos fueron caciques “desde los tiempos del Inga” (ANH, serie cacicazgos, caja expedientes 8, 1718-1781). Se especifica además que don Lorenzo era originario de Sígsig.
En un conjunto de expedientes, que va desde el año 1718 a 1781, volvemos a encontrar datos sobre la familia Duma de Sígsig, en referencia a don Jacinto Sinaballí Duma, quien se certifica recibió todos los sacramentos, y es descendiente de los Duma, caciques desde la “gentilidad”. Le remplaza en el cargo don Eusebio, su hijo, en 1775, heredado así las “parcialidades que le corresponden en el pueblo de Sígsig” con el título de “Cacique de las parcialidades de Cuycay, Cuilao, Sangorima y Collana reducidos en el pueblo de Sigsig anejo de Gualaceo en la jurisdicción de Cuenca” (ibid). (Citado por Lara, 2009).
Con este pequeño bosquejo sobre la familia Duma nos lleva a pensar que el kuraka Dumma, fue oriundo de Sígsig y no de Tomebamba, como erróneamente ha escrito con evidente anacronismo algunos investigadores.  

3/21/2014

LOS INDIGENAS Y LOS ABUSOS COMETIDOS EN LA COLONIA


Este artículo es un extracto de un trabajo investigativo que se está realizando en el Sígsig desde la época colonial hasta nuestro tiempos; por tanto en esta sección se sintetiza de manera breve el proceso sufrido de los indígenas tras la llegada de los conquistadores españoles y el posterior proceso de colonización, pues los efectos económicos, sociales, políticos y culturales que se generaron fueron extraordinariamente complejos.
En las distintas fuentes documentales existen ejemplos de represión violenta y una serie de irregularidades que se cometieron por parte de los “blancos” curas y caciques, en contra de los indígenas al tratar de hurtarles las tierras y sobre todo en la explotación del trabajo específicamente en la mita minera. Por ejemplo a inicios de la colonia la zona de Santa Bárbara (lo que hoy es Sígsig) formó parte del territorio de la encomienda de Tomebamba de don Diego Sandoval quien había venido con Alvarado (1538-1540). Posteriormente estos territorios pasaron a ser parte de la encomienda de Rodrigo Núñez de Bonilla (1540-1570). Para esta época por medio de la mita minera se extrajo una gran cantidad de oro pese a todas las dificultades implícitas. Pedro de Valverde y Juan Rodríguez, oficiales de Real Hacienda de Quito, aseguraron, el 30 de diciembre de 1576, que en estos lavaderos trabajaron antes de que se fundara la ciudad de Cuenca, de dieciocho a veinte cuadrillas, cada una de las cuales tenia de cincuenta a ochenta indios que llevaban su comida, desde su propio pueblo, situado a treinta, cuarenta y más leguas.  
 
“…la comida entraba cargada por indios e indias y eran cargas pesadísimas de maíz. Se las llevan 30 y 50 leguas a cuestas. Esto ha causado la muerte de muchos indios. La dificultad de meter la comida hacía que esta fuera escasa y se les deba de comer poco o nada a los indios. Siendo la tierra enferma, el trabajo diurno y nocturno y la mala comida, las cosas mal hechas e estrechas, el poco dormir en el suelo, causó grandes muertes en el río de Santa Bárbara.” (Archivo General de Indias, (A.G.I) Sección 5ª Francisco de Aucinbay, 1587).
 
El trabajo desempeñado en el río Santa Bárbara para la extracción de oro fue arduo, se anota que para 1548, cada cuadrilla sacaba de 2000 a 3000 pesos diarios. Tanta fue la cantidad de indígenas que laboraba en el asiento minero de Santa Bárbara que le ameritó, el Obispo de Quito, al clérigo que atendía en la iglesia Mayor de Cuenca, para que fuera a decir misa a los mineros que trabajaban allí” (Chacón, 2001).
Los lavaderos de oro de Santa Bárbara por su cruel situación se convirtieron en una súplica para los indígenas mineros, obligándoles a permanecer en el agua, durante meses enteros, malamente retribuidos y peor alimentados. A raíz de esta situación en 1552 el Virrey Don Antonio de Mendoza mandó despoblar estas minas, orden que tal vez por su temprana muerte aquel mismo año, no se cumplió, o no se aplicó y se mantuvo con rigor; pues el sucesor Don Andrés Hurtado de Mendoza en el primer año de su virreinato y antes de que Gil Ramírez Dávalos funde (1557) en aquella misma región la ciudad de Cuenca, hizo abandonar una vez más las minas de Santa Bárbara.
A parte de esta inhumana actitud los curas y caciques –kurakas– se convirtieron en cómplices de los abusos de autoridades. Se sabe que los caciques fueron personajes importantes, en torno al cual se mantenía la organización indígena; es así que cumplían la función de intermediarios entre el estado colonial español y sus respectivas comunidades, razón por la cual estuvieron exentos de pago de tributos y de ser asignados a los trabajos de mita, por ejemplo los caciques que ganaban una remuneración anual de unos 400 pesos, no pagaban tributos ni estaban entre los elegibles para ser mitayos. De allí, que desde temprano, los caciques fueron aliados indiscutibles del poder peninsular -muchas veces- en contra de los propios intereses de su comunidad. Estudios especializados sobre los caciques –kurakas–, los describen como personajes temidos, respetados y con doble autoridad política y religiosa y cuya legitimidad se basaba en el linaje de sangre del fundador de la comunidad.
En consecuencia, la posesión de dichos privilegios sobrellevó a una clara inclinación por mantener su poder y control para obtener los beneficios que le correspondía. Los Caciques en consecuencia del constante descenso de la mano de obra, así como el incremento o de la falta de revisiones anuales de las tasaciones de las encomiendas, se vieron obligados a demandar tributos y otros servicios.
En un documentos se menciona que: “…Don Lorenzo Nugra cacique cobrador de los indios de Sigse de la parcialidad de Burin: pide que se obligue a Don Esteban Puglla a trabajar por 6 meses de oiarico, por no haber, y se niega (por que dice) que ha sido alcalde de esta ciudad y debe descansar…” (ANH/C 116-559). En otro manuscrito se comisiona a Gabriel Salinas residente en el Sígsig, para que basado de la facultad que se le confiere haga que los Caciques, Gobernadores y Alcaldes Maiores del Pueblo de Sígsig, puntualice los servicios de Indios Viaricos, e semaneros, para que presisa y puntualmente concurran a esta Ciudad, para que se actúen las obras… Se les da esta Comisión con autoridad del señor Teniente General, quien a los españoles les pone pena de cinquenta pesos y a los indios cincuenta azotes y pelo fuera…” (En Segarra, 2003:232).
De este modo, se generó un cierto malestar frente a esta figura que se erigía como nuevo opresor, es así que no todos los indígenas aceptaron la nueva soberanía hispana sustitutiva de la incaica, razón por la cual a muchos de los indígenas se les acusaba frecuentemente de ser ociosos e inconstantes y pronto también de consumir alcohol en exceso y de ser ladrones. De algunos mitayos de servicio se decía que trabajaban mal y poco y hasta se pidió que se les rebaje sus remuneraciones.
El siglo XVII fue testigo de numerosas quejas propiciadas por los indígenas, en las que se reclamaba a las autoridades españolas, el cumplimiento efectivo de las preeminencias que por su status les correspondían, frente a eventuales atropellos que sufrían por parte de los caciques. En un documento de 1680, se lee que los indios Francisco, Francisca y Juan Duta sostuvieron pleito contra Sebastián Nugra, todos de la parcialidad de Burin, encomienda del Capitán Antonio de Lugones y Mercado, y sujetos al cacique de Sígsig D. Joseph Puglla, sobre la posesión de los sitios de Sumbray y Sabalul. El capitán D. Juan Blanco de Alvarado, Alcalde ordinario de Cuenca y Juez comisionado por el General Miguel de Noroña, Corregidor y Justicia Mayor de dicha ciudad, dictó la siguiente sentencia:

“Fallo que los dhos. Francisco duta, Francisca duta, Joan duta y demás sus hermanos, y en nombre de los suso dichos duta y demás sus hermanos en la posesión que tienen de las dichas tierras o sitios de Sumbray y Sabalul, desde el camino que va para el pueblo de gualaseo para la parte de auajo hasta el río de Santa Baruara, reservando las tierras que pertenecen a Luis Saquinaula… quedando como quedan todas las demás tierras que caen desde dicho camino que va para el dicho pueblo de Gualaseo para arriba para el dho. Sebastián Nugra y demás indios caciques de la dha. Parcialidad de Burin” (En: Segarra, 2005: 25-26).

Siete años después el mismo cacique de Sígsig D. Joseph Puglla en agosto de 1687 puso en venta un solar con una casa que la Comunidad de Indios tenía en la plazoleta de Usno, junto a Pumapungo que servía de albergue para los Indios de Sígsig que iban a prestar el servicio de uyaricos. Sin embargo a pesar de todos los reclamos el expresado cacique se convirtió en heredero y dueño del solar. El abuso cometido provocó las reclamaciones pertinentes por parte de Da. Francisca Yubra el 11 de octubre de 1692, india del Pueblo de Sígsig:

“…en dicho mi pueblo viven y asisten cuatro indios nombrados D. Joseph Puglla, Lorenzo Nugra, D. Diego Sánchez, caciques nombrados a falta de propietarios, y Bartolomé Nugra, indio del quinto, los quales de absoluto poder y de sus authoridades vendieron doce quadras de terreno tocantes y pertenecientes a la comunidad…a Esteban Brito mestizo, sólo para aplaudir a Manuel de Ortega, Escribano del Cabildo de la ciudad de Cuenca, que es quien acaudilla al dicho Esteban Brito…para celebrar la escriptura hicieron un convite de brindis y embriagados otorgaron dicha escritura…los dichos caciques nombrados hacen lo que quieren como absolutos dueños, pues aun dentro del Pueblo han vendido muchas tierras constituyéndose dueños, y los indios a quienes tocan y pertenecen si quieren hacer su casa, se les demuele el dicho D. Joseph Puglla y adjudica las tierras a mestizos que asisten en dicho Pueblo…” (En: Segarra, 2005: 25-26).

En 1705, las epidemias y el hambre azotaron a los pueblos de la comarca azuaya, lo cual impelió a los indígenas a huir, de suerte que los pueblos sufrieron disminuciones y decadencias. Con tal motivo, en todo el virreinato se practicó una retasa, menos en Cuenca, donde al contrario, se recargó a los sobrevivientes de trabajos y tributos, según la reclamación que realiza el cacique del Sígsig D. Diego Sánchez Fuera, quien expone el hostigamiento que reciben sus indios por parte del Corregidor, del Fiel Ejecutor, del Cabildo y su procurador. Al traslado de esta queja, en nombre del Procurador del Cabildo de Cuenca contesta D. Antonio Tafur de Valenzuela y Córdova, manifestando que el cacique quejoso tiene empeñado un indio en cien pesos, y al argumento de que en el Sígsig no había indio que atendiera las mitas por haberse ausentado, replica:

“…la causa de ausentarse los dichos indios es por las continuas molestias y vejaciones que le hacen los mismos caciques y gobernadores pidiéndoles continuos camaricos, pongos, haziéndolos trabajar sin paga en sus chácaras y sementeras, obligándoles a que les lleuen leña, paja, aues y no lo haciendo castigándoles con rigor, amenazándolos con la Doctrina, con la Mitta y otras opresiones…” (En Segarra, 2005:28)

A más de las quejas formuladas hacía de los kurakas, los indígenas expusieron graves denuncias contra las diversas autoridades religiosas. En efecto, en un documentos de 1772, se lee que el protector de naturales del común de indígenas de San Bartolomé denuncia al cura Vicente Ramírez por los excesos cometidos: 

“…que traen graves inconvenientes a los indios por su miseria y por que se encuentran gravemente tiranizados estos miserables indios… Los obliga a trabajar en sus tierras y en la de sus parientes sin permitirle trabajar sus propias tierras, para cobrarle el tributo a los que no tienen, les quitan sus capisayos y mantas, lligllas y paños, en la iglesia, a las indias solteras y casadas durante la semana les obliga a hilar algodón y hacer chicha para luego venderla: al igual que la limpieza de su vivienda y la iglesia, además de otras actividades para las cuales les retiene el domingo, sin pagar los salarios que ofrece, por cuenta del medio real de cera de monumento” (ACA/C 552).  

Para 1790, los alcaldes de Sígsig, pedían al Gobernador de Cuenca la confirmación de sus privilegios, pues se hallaban bajo la amenaza del cura que los quería utilizar en actividades mecánicas.
Son innumerables los escritos en donde se denuncia la explotación del indígena en varios tipos de trabajo como el artesanal, agrícola, ganadero, servidumbre familiar y el minero, que sin ser mano de obra especializada fueron convertidos en mitayos, sin respetar la edad y el sexo; todo valía para la extracción del oro o de la riqueza para otros.
El tiempo, el lugar y las condiciones de trabajo fueron impuestos y en muchas de las ocasiones no se les pagaba, por eso no es exagerado decir, que algunos muros de los templos de España, el sostenimiento de sus guerras, el desarrollo de su economía y el fervor católico, se financiaron gracias al sudor y a la sangre de los indígenas. 

2/05/2014

LOS CERROS Y LAGUNAS EN LA COSMOVISIÓN ANDINA


La mayor parte de información disponible sobre la religiosidad andina proviene de las crónicas y fuentes etnohistóricas, pues en la actualidad no existen evidencias materiales, quizá por la destrucción de templos y objetos rituales, a raíz de la conquista española. 
Las montañas y lagunas como elementos de veneración y parte fundamental de la cosmovisión entre los pueblos prehispánicos, constituye un tema recurrente entre los investigadores. Los cerros y lagunas son considerados un lugar sagrado en cuyo interior se atesoran los mantenimientos que los dioses brindan una y otra vez a los seres humanos.
Por tanto, con este estudios se ha intentado demostrar como las lagunas y los cerros son percibidos en el sistema de creencias andinas y el uso oracular particular que Ayllon y Fazayñan tuvieron entre los aborígenes kañaris, a partir de su ubicación geográfica particular en la Cordillera Oriental.
Se sabe que las altas cumbres y lo profundo de las lagunas eran concebidas como moradas de las deidades y los espíritus ancestrales y por su naturaleza especial, eran objeto de tributo y adoración. Entonces montañas y lagunas ocupan un lugar de privilegio en las creencias y prácticas rituales que pueblan el mundo andino. Las altas cumbres son concebidas como moradas de deidades atmosféricas y espíritus de los ancestros, a los que se cree íntimamente relacionado con la fertilidad y las lluvias. Las lagunas cumplen una importante función en el mantenimiento de la vida en los Andes, que es la de reservar la preciosa humedad dispensada por las montañas. El agua, concebida como la sangre de la vida agrícola andina. Es por ello que el culto a las montañas relacionado con la fertilidad y la lluvia tiene antigüedad milenaria en la cordillera de los Andes. El culto a las montañas y lagunas ha sido denominado "El fundamento principal de la cultura andina", al proporcionar una unidad cultural subyacente a los pueblos andinos.
Su antigüedad es obvia, ya que los rasgos básicos del culto a las montañas y lagunas se han encontrado a través de todo los Andes, ha sido señalado en las fuentes históricas más tempranas y en las leyendas, está basado en sólidas observaciones ecológicas y se ha mantenido hasta el día de hoy con muy pocos cambios a pesar del proselitismo Cristiano.
Para quienes habitaron esta zona -los kañaris- la montaña es un espíritu divino que tiene un gran poder para la vida de los hombres que habitan en su entorno, es el "Apu", cuyo significado andino es que son los espíritus tutelares de los antepasados protectores, es por eso que se le reverenció con rituales. Los “apus” “no solo eran proveedores de las lluvias fertilizantes, sino también decidían sobre la vida y muerte y eran generosos donadores de riquezas, pues en sus entrañas se laboraba el oro y otros metales preciosos” (Moreno Yánez, 2007: 175).
Así las montañas y lagunas se convierten en símbolos y lenguajes que expresan el vínculo entre el mundo de los espíritus y mundo terrenal. Se trata de signos y códigos que integran el territorio como unidad espacial mítica y real, que da validez a la idea de centro del universo establecidas por nuestras culturas prehispánicas.
Tanto la laguna de Ayllon como el cerro Fazayñan o Huacayñan –según González Suárez– fueron pacarinas o adoratorios eminentes de los kañaris. “los Cañaris adoraban como á una divinidad particular al cerro Huacay-ñan, y una laguna que se halla hacia los términos de la provincia del Azuay en la gran Cordillera oriental sobre el pueblo de Sigsig, porque suponían que de allí habían salido sus progenitores, y le hacían sacrificios, arrojando á ella oro en polvo y otras cosas, en varias épocas del año” (González Suárez, 1969:145).
Según lo expuesto para Aldem Yépez los mitos de origen de la cultura Cañari que enfatizan la transformación de la serpiente y las guacamayas en seres humanos, nos permite pensar en un sistema religioso practicado por los sacerdotes de la región de Sigsig (y probablemente del país Cañari), según la cual éstos adquirían las características perceptivas y anímicas de las huacas consultadas. Las huacas de Fazayñan y Ayllón resultaban en una suerte de oráculo. Los héroes fundadores (Elíade denomina “héroes civilizadores”, 1981: 59) de los mitos de origen (guacamayas y serpiente) dan un caráctertotémico particular al cerro y a la laguna, en tanto que los rasgos geográficos en la percepción andina colocan a cerro y laguna como centros del mundo (“omphalus-i”), una concepción territorial diferente a la concepción occidental moderna. (Yépez, 2010:124).
En este sentido los cerros y lagunas aparecen como el lugar de morada de los Apus, Yayas o Taitas, quienes encarnan los antepasados míticos de los aborígenes. Por tanto la laguna de Ayllón como el cerro Fazayñan, a pesar de que se encuentran en puntos geográficos muy diferentes, fueron percibidos dentro del sistema de creencias andinas, y parece ser el sentido religioso básico de la cosmovisión kañari.
La territorialidad simbólica sagrada de nuestros pueblos prehispánicos ha permanecido en la actualidad en la memoria tradicional, establecida mediante las mitologías que explican los acontecimientos y particularidades originales de la historia y la cosmogonía de los pueblos, en la que se organiza y se delimita el mundo natural, social y espiritual. Así la mitología se acerca a la conceptualización de los sistemas simbólicos que representan las concepciones de las formas reales establecidas en la geografía y evidenciadas en la sacralización de espacios específicos que conforman la estructura del espacio y territorio sagrado.
En la actualidad estos espacios mantienen unas relaciones que permiten no solo, mantener el equilibrio de las energías, si no que regulan las acciones y reaccione s de los humanos en el territorio, validado a través del pensamiento ancestral como principio básico de una dinámica y unas lógicas inmersas en la diversidad.


BIBLIOGRAFIA

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·      FUENTES DE AVILA, Francisco
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·      GONZÁLEZ SUÁREZ, Federico.
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      MORENO YÁNEZ, Segundo
2007 “Ofrenda sacrificial al Guagualzuma” II Congreso ecuatoriano de antropología y arqueología. Balance de la última década: aportes, retos y nuevos temas. Quito: Abya Yala

·      YÉPEZ, Alden.
2011. “Prospección subacuática en una laguna de altura, Ayllón (cantón Sigsig)” Informe final. Consultor INPC.